"Te puedes sentar, viajero, en esta casa de piedras: es tarde tal vez bajo tu bandera, en tu patria. Aquí siempre es temprano y el fuego está por encenderse (...) Tú, si quieres permanecer o disolverte, puedes hacerlo. Lo único que se exige es azul"
Estas palabras de Pablo Neruda me parecieron oportunas y cálidas para darte la bienvenida. Sean, entonces, la puerta de entrada a mi casa de palabras. Con ellas y las de Octavio Paz comenzamos a navegar.
..... " La poesía /siembra ojos en las páginas /siembra palabras en los ojos /
..... Los ojos /se cierran. /Las palabras se abren."
Estas palabras de Pablo Neruda me parecieron oportunas y cálidas para darte la bienvenida. Sean, entonces, la puerta de entrada a mi casa de palabras. Con ellas y las de Octavio Paz comenzamos a navegar.
..... " La poesía /siembra ojos en las páginas /siembra palabras en los ojos /
..... Los ojos /se cierran. /Las palabras se abren."
viernes, 26 de junio de 2015
Intertextualidad
Suelo tener en mi mesa libros muy diferentes e ir alternando su lectura -relectura- según el momento. Hoy, por ejemplo tomé, un poco al azar, el primer tomo de El Tesoro de la Juventud, aquellos viejos libros que me acompañan hace tantos años, y lo abrí en una sección que me gusta especialmente: El libro de la poesía. Al tratarse del tomo inicial de la colección trae, además de la selección de poemas habitual, algunas consideraciones sobre poesía y, en un apartado, bajo el título Buenos versos y admirables poetas, leo:
"Aconsejamos a nuestros jóvenes amigos que se aficionen especialmente a los buenos versos de índole clásica, esto es, a los que más se asemejen, por su forma, a los que escribieron los grandes poetas españoles de los siglos de oro, que así se han llamado los siglos XVI y XVII. Modernamente hemos conocido poetas que, llevados de su afán de innovación, han escrito versos con un número ilimitado de sílabas, inventando además palabras extrañas que nunca fueron castellanas. Dichos poetas han vuelto casi todos al buen camino, cultivando la forma clásica. Uno de los más célebres poetas modernos que ha tenido la América Latina es Rubén Darío, quien, a pesar de sus excentricidades y rarezas métricas ha escrito lindísimas poesías".
Recuerdo entonces que entre los libros de mi mesa está la obra poética de Vallejo con un estudio preliminar de Américo Ferrari donde se lee que, después de la experiencia de Trilce, donde los poemas se desorganizan en un caleidoscopio de impresiones que se superponen, se entrechocan y excluyen, los poemas posteriores del autor peruano "se inspiran medularmente en las formas más clásicas de la poesía española, en particular la combinación de endecasílabos y heptasílabos".
Compruebo entonces que es acertado el comentario de El Tesoro de la Juventud: también Vallejo ha "vuelto al buen camino" . Aunque me resisto a calificar como "lindísima poesía" los desgarrados versos de sus Poemas humanos.
miércoles, 6 de mayo de 2015
Don Nicodemus
Hace muchos años que conozco a don Nicodemus. La primera vez que visité Oaxaca me llamó la atención su jarciería, un local pequeño y austero en la calle Mina. Artículos en hojalata, carrizo, madera. "Aquí no hay nada chino" comenta con orgullo su dueño. Me regaló entonces, con la primera compra, una hojita impresa con información sobre su Oaxaca: la historia del templo y convento de Santo Domingo.
Siempre que vuelvo a la ciudad lo visito y conversamos largamente, él me da la mirada profunda y sabia del lugareño que ama el sitio donde vive y que ha visto sucederse, a veces con dolor, cambios profundos en él. Porque don Nicodemus tiene ochenta y cuatro años y está al frente de la jarciería El arte oaxaqueño desde 1961.
- Estuvo cerca de recibir noticias mías hace un tiempo- me cuenta (me pidió mi mail en la segunda visita y tengo el honor de figurar en su Libro de clientes) - Había decidido cerrar cuando el negocio cumpliera cincuenta años pero los amigos no me dejaron. Una pena porque era un número redondo, ahora me veo obligado a seguir hasta los cien, agrega riendo. En el fondo está feliz allí, la jarciería es toda su vida.
- El menudeo da poco, me puedo mantener a flote por las ventas a los mayoristas, pero el alquiler del local es caro. Antes era más grande, pero he ido perdiendo territorio, cada vez estoy más cerca de la puerta de salida, vuelve a reír.
Los cambios en la ciudad no sólo perjudican a su negocio, también lo entristecen. ¡Hasta en el Mercado de Artesanías hay un cajero automático! Y las callecitas apacibles están colmadas de comercios donde se venden productos de todo el mundo. Recordamos juntos las noches en el zócalo con marimbas y niños y globos, los miércoles de danzón bajo el laurel, los rasperos, los artesanos que extendían sus colores en el suelo. Hablamos del conflicto de los maestros, de los empresarios, del gobierno, de la vida toda.
Entra un señor a la jarciería a preguntar el precio de las máscaras. Don Nicodemus contesta brevemente, no quiere abandonar la charla. El posible comprador se va.
- Va a pasar tiempo para que todo eso vuelva, pero yo creo que va a volver, dice, optimista, don Nicodemus. Porque Oaxaca es eso.
Al despedirnos me da nuevos papelitos sobre su ciudad: el origen de la Guelaguetza, anécdotas de la vida de Juárez. Después me envuelve dos mariposas de hojalata en papel de diario y me pregunta, deseando que le diga que no: - ¿precisará bolsita de nylon?
No, claro que no, don Nicodemus; ya hay demasiado nylon por ahí. Sólo preciso volver dentro de unos años y encontrarlo otra vez.
Siempre que vuelvo a la ciudad lo visito y conversamos largamente, él me da la mirada profunda y sabia del lugareño que ama el sitio donde vive y que ha visto sucederse, a veces con dolor, cambios profundos en él. Porque don Nicodemus tiene ochenta y cuatro años y está al frente de la jarciería El arte oaxaqueño desde 1961.
- Estuvo cerca de recibir noticias mías hace un tiempo- me cuenta (me pidió mi mail en la segunda visita y tengo el honor de figurar en su Libro de clientes) - Había decidido cerrar cuando el negocio cumpliera cincuenta años pero los amigos no me dejaron. Una pena porque era un número redondo, ahora me veo obligado a seguir hasta los cien, agrega riendo. En el fondo está feliz allí, la jarciería es toda su vida.
- El menudeo da poco, me puedo mantener a flote por las ventas a los mayoristas, pero el alquiler del local es caro. Antes era más grande, pero he ido perdiendo territorio, cada vez estoy más cerca de la puerta de salida, vuelve a reír.
Los cambios en la ciudad no sólo perjudican a su negocio, también lo entristecen. ¡Hasta en el Mercado de Artesanías hay un cajero automático! Y las callecitas apacibles están colmadas de comercios donde se venden productos de todo el mundo. Recordamos juntos las noches en el zócalo con marimbas y niños y globos, los miércoles de danzón bajo el laurel, los rasperos, los artesanos que extendían sus colores en el suelo. Hablamos del conflicto de los maestros, de los empresarios, del gobierno, de la vida toda.
Entra un señor a la jarciería a preguntar el precio de las máscaras. Don Nicodemus contesta brevemente, no quiere abandonar la charla. El posible comprador se va.
- Va a pasar tiempo para que todo eso vuelva, pero yo creo que va a volver, dice, optimista, don Nicodemus. Porque Oaxaca es eso.
Al despedirnos me da nuevos papelitos sobre su ciudad: el origen de la Guelaguetza, anécdotas de la vida de Juárez. Después me envuelve dos mariposas de hojalata en papel de diario y me pregunta, deseando que le diga que no: - ¿precisará bolsita de nylon?
No, claro que no, don Nicodemus; ya hay demasiado nylon por ahí. Sólo preciso volver dentro de unos años y encontrarlo otra vez.
martes, 24 de febrero de 2015
Una lectura "disfrutá"
Me preguntaba ayer mi tía si yo podría averiguar "en eso de internet" algo que su memoria guardaba confusamente. Cuando en 1947 Nicolás Guillén visitó Salto, invitado -o mas bien llevado a rastras- por Enrique Amorim un cantor lo precedió en su presentación (hasta los poetas tienen teloneros!) El cantor -que mi tía cree recordar que era Víctor Lima- después de entonar sus canciones comenzó a recitar Guitarra, el poema que da inicio a El son entero, uno de los textos más conocidos de Guillén. Al llegar a la estrofa final, cuando dice
Tómala tú, guitarrero
límpiale de alcohol la boca
y en esta guitarra toca
tu son entero
el cantor se vuelve hacia la penumbra del escenario, extendiendo su guitarra. Cuenta mi tía que la figura que se adelantó era enorme y oscura, que el silencio asombrado del público era inmenso, tan inmenso como atronador fue después el aplauso, cuando Guillén tomó la guitarra y comenzó a decir sus versos con una maestría y calidez que pocos escritores tienen.
No encontré en internet la respuesta que le confirmara a mi tía que aquel cantor fuese Víctor Lima aunque es más que probable. Pero encontré algo que no conocía: Páginas vueltas, las memorias de Nicolás Guillén. Y no puedo dejar de transcribir unos versos jocosos que encontré allí, escritos en la forma conocida como "cabo corto", es decir suprimiendo la última sílaba, con que el autor se despide del Uruguay en la persona de sus amigos: el escritor Alfredo Mario Ferreiro y el caricaturista salteño Julio Suárez, el popular Peloduro.
Muestran facetas desconocidas, al menos para mi, del poeta: su buen humor y su facilidad para captar rápidamente la jerga coloquial de un país y la esencia del mismo.
Por eso los dejo aquí para compartirlas con ustedes, son una lectura muy "disfrutá". Y si algún salteño sabe quién fue el cantor que presentó a Nicolás Guillén, mi tía le agradecerá el dato.
Muy querido Pelodú
y Alfredo Mario Ferré:
gracias por esta gallé
que alumbra mi vida oscú
Al dejar el Urugú
lloro con desesperá
detesto mi suerte escá
y con acento rabió
grito a los ojos de tó:
¡Pucha que soy desdichá!
¡Adiós amigos cordiá
compañeros de garú!
Siempre me he acordado mu
de esta tierra tan simpá
Aquí me sentí en mi ca
como si en Cuba estuvié
y hasta aumenté mi diné
por si acaso fuese po:
¡ahí nomás me vuelvo lo
cuando agarré la quinié!
Aprendí a comer el bi
con "fe" de carne de va
aprendí a cebar el ma
y embocar bien la bombí
Y si una mujer boní
pasó a pie o en automó
¡pucha, grité con descó
como un uruguayo pu:
¡Vengan a ver este chu!
¡Mirála, che, que fenó!
¡La tiró! ¡Ya no hay remé
de que el viaje se demó
y todo el mundo conó
que me voy el día primé.
Mas no es larga la carré
desde aquí hasta la otra orí
cualquier día de improví
vengo volando o a na
para comprarme una ca
frente a la estatua de Artí.
jueves, 20 de noviembre de 2014
"Otra voz canta"
Sostiene mi mano derecha
en su mano derecha
la contiene en el hueco
y aprieta mi puño en su puño
pulgar e índice apuntalan esta pluma
Dibujamos unos signos antiguos
Me lleva desde fuera de mi trazo
él es mi trazo
él se aventura, yo lo sigo
pero ya no es a él
es al movimiento y su música
su mano apretando la mía
su movimiento en el mío
Mojamos juntos la pluma en el tintero mínimo
(el olor agrio de la tinta negra
en mi pequeña nariz)
Volvemos al trazo interrumpido
se elevan nuestras manos
se acortan
se ciñen
se controlan
Dibujamos el idioma
Respira tan cerca
su profunda voz emite algún sonido
como dictando:
más corto, más largo, más reunido
Y entonces me dice:
- Ahora, vos sola
y me abre en un abismo
Alejandra Correa
Cuaderno de caligrafía - Ediciones Recovecos
Desde entonces, desde aquella escritura dada por su padre Alejandra Correa -ahora sola- dibuja el idioma. Hace poesía con las palabras, con el fluir de la tinta, pero también con el papel, con telas, puntillas, cintas... Hace un tiempo hacíamos referencia a la X Bienal de Arte que se realizara en Salto el año pasado donde sus manos suspendieran en el aire aquellos diminutos vestidos blancos recreando el universo mágico de Marosa di Giorgio. Dijimos entonces que aquello era poesía, y poesía es hoy, también, Si tuviera que escribirte el texto que leímos y al que otorgamos el primer premio en el Premio Nacional de Literatura cuyos resultados acaban de darse a conocer. Y lo hicimos con un gusto especial, porque premiar la poesía es -creemos- premiar el lenguaje originario, primordial.
Pero la alegría fue doble porque al reconocimiento a este poemario inédito -que pronto dejará de serlo- se agrega el segundo premio en la categoría Obras en verso o Prosa poética (manera elíptica de nombrar a la poesía) por otro texto que ya desde el título -Trece maneras de ver morir un pájaro- augura una experiencia de lectura removedora.
Nos alegramos por Alejandra, sí, también por la poesía. Pero sobre todo nos alegramos por los lectores que encontrarán, desde ahora, una voz y una mirada nueva en nuestra literatura para niños y jóvenes.
Alejandra Correa (centro) con cuatro de los cinco miembros del jurado:
Horacio Cavallo, Magdalena Helguera, Mercedes Calvo y Cecilia Blezio
lunes, 24 de marzo de 2014
De libros y lectores
- En un libro hay tantos textos como lectores, y todos leemos en él algo diferente, depende de lo que cada uno traiga ya dentro de sí, les digo a mis alumnas.
Me escuchan en silencio, se miran de soslayo. Intuyo que mis palabras no les llegan.
Entonces apelo a la maestría de Skármeta y les leo un fragmento de su novela Soñé que la nieve ardía, un diálogo entre don Manuel y un muchacho ansioso por tener su primer acercamiento con el sexo opuesto.
" - Hijo, acérquese.
- ¿Para qué?
- Hay algo que quiero mostrarle. Algo que le traigo.
El joven se sentó, apoyando los pies descalzos en el suelo y don Manuel extrajo el libro forrado en cuero rojo desde su axila.
- ¿Eso es lo que me trae?
- Aquí, Arturito, hay cosas muy lindas para decirles a las damas.
El muchacho se rascó la cabeza como espantándose el sueño y después se frotó los muslos mientras se le asomaba una sonrisita para el espejo.
- A una "dama", repitió. No creo que me interese, don Manuel. Yo no quiero hablarles, usted ya sabe lo que yo quiero.
- Justamente ese es su problema, joven. Que usted se precipita demasiado. ¿Conoce a este autor?
- Neruda. Desvió los ojos del libro a los ojos del dueño. ¿Pablo Neruda? ¿El poeta?
- Quiero que escuche algo. Va a ver qué cosas tan lindas hay acá para decirles a las damas.
- ¿Tiene buenas minas ese poeta?
Don Manuel invocó con una significativa mirada el tamaño del libro.
- Montones, dijo, abriendo la página donde la cinta cortaba el papel biblia de la edición de las obras completas.
- Pablo Neruda es muy importante. Ganó el Premio Nobel.
- Pues bien. Escuche esto, hijo.
Me escuchan en silencio, se miran de soslayo. Intuyo que mis palabras no les llegan.
Entonces apelo a la maestría de Skármeta y les leo un fragmento de su novela Soñé que la nieve ardía, un diálogo entre don Manuel y un muchacho ansioso por tener su primer acercamiento con el sexo opuesto.
" - Hijo, acérquese.
- ¿Para qué?
- Hay algo que quiero mostrarle. Algo que le traigo.
El joven se sentó, apoyando los pies descalzos en el suelo y don Manuel extrajo el libro forrado en cuero rojo desde su axila.
- ¿Eso es lo que me trae?
- Aquí, Arturito, hay cosas muy lindas para decirles a las damas.
El muchacho se rascó la cabeza como espantándose el sueño y después se frotó los muslos mientras se le asomaba una sonrisita para el espejo.
- A una "dama", repitió. No creo que me interese, don Manuel. Yo no quiero hablarles, usted ya sabe lo que yo quiero.
- Justamente ese es su problema, joven. Que usted se precipita demasiado. ¿Conoce a este autor?
- Neruda. Desvió los ojos del libro a los ojos del dueño. ¿Pablo Neruda? ¿El poeta?
- Quiero que escuche algo. Va a ver qué cosas tan lindas hay acá para decirles a las damas.
- ¿Tiene buenas minas ese poeta?
Don Manuel invocó con una significativa mirada el tamaño del libro.
- Montones, dijo, abriendo la página donde la cinta cortaba el papel biblia de la edición de las obras completas.
- Pablo Neruda es muy importante. Ganó el Premio Nobel.
- Pues bien. Escuche esto, hijo.
Para tu corazón basta mi pecho
para mi libertad bastan tus alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre mi alma.
Es en ti la ilusión del cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles
Como ellos eres alta y taciturna
y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino
te pueblan ecos y voces nostálgicas
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.
Don Manuel terminó de leer y aplanó con su palma la fina hoja. Sin mirar a Arturo dejó que el silencio se profundizara más y más, que esa ausencia de palabras fuese el triunfo del poeta, lo que une y no se habla. Sintió esa presencia en sus mismos ojos, en el suave reptar que le tembló en la sangre. Entonces apartó los ojos del libro y vio que Arturo miraba absorto el techo con la cabeza contra la muralla.
- ¿Comprendes? le dijo suave, como si su vozarrón se hubiese envuelto en terciopelo. Así se le habla a una señorita. Arturo seguía con la vista en el techo, sin que se le movieran ni las pestañas. -¿Qué me dices, hijo? ¿En qué estás pensando?
- En cuánta plata será el Premio Nobel.
Don Manuel cerró el libro de un manotazo y en un segundo tuvo la puerta abierta. Desde allí hizo aterrizar el volumen en la cama.
- El sábado va a haber una gran fiesta. Si usted quiere debutar algún día, será mejor que comience a leer libros como este.
Cuando el hombre desapareció Arturo produjo un extenso bostezo que consiguió hacerlo rodar a lo ancho de la cama. Junto a la lámpara hundió el pulgar en el libro e hizo desfilar las hojas como mezclando naipes. De repente lo retuvo y empezó a leer una página azarosa:
Bésame, muérdeme, incéndiame
que yo vengo a la tierra
sólo por el naufragio de mis ojos de macho
en el agua infinita de tus ojos de hembra.
Alzó la mirada y se quedó oyendo el sonido interior de estas palabras.
- Muérdeme, incéndiame, mascó con intensidad. poniendo todos los labios, todos los dientes, toda la lengua y la garganta. Se dio un fuerte puñetazo en la rodilla. Muérdeme, incéndiame, dijo con su voz natural. Y luego: -¡Este sí que es poema! "
Mis alumnas sonríen. Por el brillo de sus ojos veo que han comprendido.
miércoles, 5 de marzo de 2014
3 x $25
Sí, es lindísimo ir a una librería, ver y oler los libros recién editados, conocer los autores que hoy se imponen, los títulos nuevos de los que se habla. Pero no lo cambio por la experiencia única de hojear libros amarillentos en la Feria de Tristán Narvaja.
Nunca se sabe qué podrá aparecer allí, en esos cajones donde se amontonan los ejemplares a un precio que nos despierta sentimientos encontrados: alegría por la oportunidad de compra y tristeza por la desvalorización de algo que queremos tanto.
El último domingo me detuve ante un puesto donde se anunciaban libros ¡a $10! El vendedor, al verme acercar, redobló la oferta: 3 por $25 (sí, alrededor de un dólar).
Fui pasando lentamente los títulos, sabía que alguno habría de llamarme desde aquel viejo cajón de fruta.
Estío, de Juan Ramón Jiménez, fue el primero.
En la vieja antología que heredé de mi padre sólo había tres o cuatro poemas de ese libro que marca una época nueva en la obra de Jiménez: los poemas inspirados en el amor por Zenobia, escritos, según el propio autor, "a punta de espina". Lo elegí, claro, y seguí buscando.
El corazón me latió fuerte cuando descubrí el segundo título: La vida de las abejas, de Mauricio Maeterlinck. ¿Sería el mismo ejemplar que hace más de cuarenta años dejé olvidado en un ómnibus, camino de la escuela? Aunque no era muy probable confieso que lo abrí con la tonta ilusión de encontrar en la primera página mi nombre, pero no, claro; otra persona firmaba allí y la fecha era muy anterior:1947.
¿En qué momento, en qué circunstancias se habrían separado esa lectora y su libro? Imaginé los títulos que hoy atesoro en mi biblioteca años después, tal vez en un cajón como este, puestos a la venta en la feria por pocas monedas. Confieso que al principio sentí pena por ellos, pero enseguida imaginé el sentimiento gozoso de alguien que pudiera encontrarlos, como yo hoy, y el pensamiento me reconfortó. Sería un buen destino para ellos entibiar el alma de algún desconocido.
El tercer libro -estaba segura que habría justamente tres buscándome- me llamó no desde su título sino desde su autor: Rafael Sánchez Ferlosio. ¿Dónde había visto yo ese nombre?
Entonces recordé haber leído, hace unos años una novela estupenda, Soldados de Salamina donde su autor, Javier Cercas, narra cómo Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de Falange logra escapar del fusilamiento porque un soldado anónimo le perdona la vida. Y cuenta la novela cómo en la investigación el joven periodista se entrevista con su hijo, el escritor Rafael Sánchez Ferlosio. Sánchez Mazas era también escritor y aunque yo nunca había leído nada de él y mucho menos de su hijo, pensé que dado que me había gustado tanto Soldados de Salamina no estaría de más darle un vistazo a aquel libro que, al menos muy tangencialmente, se relacionaba con la novela de Cercas.
Entonces, recién entonces, reparé en el título del libro: Industrias y andanzas de Alfanhuí.
Título y nombre extraño que, sin embargo, despertaban algo en mí. Le di un vistazo: Una silla enferma de mal de hastío, una criada disecada "que no tenía nombre porque era sordomuda", un gallo de veleta que mata lagartos a picotazos de hierro... ¿Sería un libro para niños? Si lo era, sin duda no era un libro convencional. Leí fragmentos, al azar:
"Era un mendigo robusto y alegre, y me contó que le germinaban las carnes de tanto andar por los caminos, de tanto caerle el sol y la lluvia y de no tener nunca casa. Colgada del hombro llevaba una extraña flauta. Me explicó que era al revés que las demás y que había que tocarla en medio de un gran estruendo, porque en lugar de ser, como en las otras, el silencio, fondo y el sonido, tonada, en ésta el ruido hacía de fondo y el silencio daba la melodía. La tocaba en medio de las grandes tormentas, entre truenos y aguaceros, y salían de ella notas de silencio, finas y ligeras como hilos de niebla."
¡El silencio daba la melodía! No pude menos de recordar las Reflexiones sobre la Poesía de Armindo Trevisan:
"¿Qué hace el poeta sino adensar el silencio? El silencio es el lado invisible de la palabra; es un espejo dentro del cual la significación circula. Saber detenerse en el punto preciso en que se consume el beso de la palabra y el silencio, eso es la poesía. El poema no es más que la sombra enternecida de ese encuentro."
Y deseé poder escribir un poema con notas de silencio, finas y ligeras...
Fue entonces cuando recordé dónde había leído, años atrás, el nombre de Alfanhuí: en el blog de Darabuc, sitio de visita obligado para quien le interese el mundo de los libros, de la poesía, de los niños. "Yo creo que es mi primera conciencia literaria, de la literatura como espacio mágico, de dimensiones inabarcables" dice Darabuc. Y agrega que recuerda un pasaje del libro que le fue dictado por su maestro. Me imagino aquel niño escribiendo con letra insegura esas extrañas palabras, me veo a mí misma hoy, tal vez con el mismo asombro y desconcierto, escribiéndolas en el teclado. Y me quedo pensando...
¿Compré sólo tres libros por $25? ¿O cada libro alberga, como las muñecas rusas, muchos libros en su interior? ¿Cuántas historias paralelas, cuántas anécdotas personales, cuántas veces se desdobla, y multiplica, y nos crece dentro, y nos transforma?
El próximo domingo volveré a la feria. Si $25 son suficientes para vivir tantas experiencias ¿por qué negarse a ello? Sé que hay todavía muchas matrioskas esperándome.
Nunca se sabe qué podrá aparecer allí, en esos cajones donde se amontonan los ejemplares a un precio que nos despierta sentimientos encontrados: alegría por la oportunidad de compra y tristeza por la desvalorización de algo que queremos tanto.
El último domingo me detuve ante un puesto donde se anunciaban libros ¡a $10! El vendedor, al verme acercar, redobló la oferta: 3 por $25 (sí, alrededor de un dólar).
Fui pasando lentamente los títulos, sabía que alguno habría de llamarme desde aquel viejo cajón de fruta.
Estío, de Juan Ramón Jiménez, fue el primero.
En la vieja antología que heredé de mi padre sólo había tres o cuatro poemas de ese libro que marca una época nueva en la obra de Jiménez: los poemas inspirados en el amor por Zenobia, escritos, según el propio autor, "a punta de espina". Lo elegí, claro, y seguí buscando.
El corazón me latió fuerte cuando descubrí el segundo título: La vida de las abejas, de Mauricio Maeterlinck. ¿Sería el mismo ejemplar que hace más de cuarenta años dejé olvidado en un ómnibus, camino de la escuela? Aunque no era muy probable confieso que lo abrí con la tonta ilusión de encontrar en la primera página mi nombre, pero no, claro; otra persona firmaba allí y la fecha era muy anterior:1947.
¿En qué momento, en qué circunstancias se habrían separado esa lectora y su libro? Imaginé los títulos que hoy atesoro en mi biblioteca años después, tal vez en un cajón como este, puestos a la venta en la feria por pocas monedas. Confieso que al principio sentí pena por ellos, pero enseguida imaginé el sentimiento gozoso de alguien que pudiera encontrarlos, como yo hoy, y el pensamiento me reconfortó. Sería un buen destino para ellos entibiar el alma de algún desconocido.
El tercer libro -estaba segura que habría justamente tres buscándome- me llamó no desde su título sino desde su autor: Rafael Sánchez Ferlosio. ¿Dónde había visto yo ese nombre?
Entonces recordé haber leído, hace unos años una novela estupenda, Soldados de Salamina donde su autor, Javier Cercas, narra cómo Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de Falange logra escapar del fusilamiento porque un soldado anónimo le perdona la vida. Y cuenta la novela cómo en la investigación el joven periodista se entrevista con su hijo, el escritor Rafael Sánchez Ferlosio. Sánchez Mazas era también escritor y aunque yo nunca había leído nada de él y mucho menos de su hijo, pensé que dado que me había gustado tanto Soldados de Salamina no estaría de más darle un vistazo a aquel libro que, al menos muy tangencialmente, se relacionaba con la novela de Cercas.
Entonces, recién entonces, reparé en el título del libro: Industrias y andanzas de Alfanhuí.
Título y nombre extraño que, sin embargo, despertaban algo en mí. Le di un vistazo: Una silla enferma de mal de hastío, una criada disecada "que no tenía nombre porque era sordomuda", un gallo de veleta que mata lagartos a picotazos de hierro... ¿Sería un libro para niños? Si lo era, sin duda no era un libro convencional. Leí fragmentos, al azar:
"Era un mendigo robusto y alegre, y me contó que le germinaban las carnes de tanto andar por los caminos, de tanto caerle el sol y la lluvia y de no tener nunca casa. Colgada del hombro llevaba una extraña flauta. Me explicó que era al revés que las demás y que había que tocarla en medio de un gran estruendo, porque en lugar de ser, como en las otras, el silencio, fondo y el sonido, tonada, en ésta el ruido hacía de fondo y el silencio daba la melodía. La tocaba en medio de las grandes tormentas, entre truenos y aguaceros, y salían de ella notas de silencio, finas y ligeras como hilos de niebla."
¡El silencio daba la melodía! No pude menos de recordar las Reflexiones sobre la Poesía de Armindo Trevisan:
"¿Qué hace el poeta sino adensar el silencio? El silencio es el lado invisible de la palabra; es un espejo dentro del cual la significación circula. Saber detenerse en el punto preciso en que se consume el beso de la palabra y el silencio, eso es la poesía. El poema no es más que la sombra enternecida de ese encuentro."
Y deseé poder escribir un poema con notas de silencio, finas y ligeras...
Fue entonces cuando recordé dónde había leído, años atrás, el nombre de Alfanhuí: en el blog de Darabuc, sitio de visita obligado para quien le interese el mundo de los libros, de la poesía, de los niños. "Yo creo que es mi primera conciencia literaria, de la literatura como espacio mágico, de dimensiones inabarcables" dice Darabuc. Y agrega que recuerda un pasaje del libro que le fue dictado por su maestro. Me imagino aquel niño escribiendo con letra insegura esas extrañas palabras, me veo a mí misma hoy, tal vez con el mismo asombro y desconcierto, escribiéndolas en el teclado. Y me quedo pensando...
¿Compré sólo tres libros por $25? ¿O cada libro alberga, como las muñecas rusas, muchos libros en su interior? ¿Cuántas historias paralelas, cuántas anécdotas personales, cuántas veces se desdobla, y multiplica, y nos crece dentro, y nos transforma?
El próximo domingo volveré a la feria. Si $25 son suficientes para vivir tantas experiencias ¿por qué negarse a ello? Sé que hay todavía muchas matrioskas esperándome.
martes, 8 de octubre de 2013
Ya pasó
La madre decía:
ya pasó.
Con una gota de miel
con una gota de aceite
ya pasó
con saliva mojada
en un signo de adiós
ya pasó
con colita de rana
ya pasó.
Curadora del ángel de la guarda
le zurcía las plumas
le vainillaba el ala
ya pasó.
La tormenta
el relámpago
la muerte
ya pasó.
Nos besaba a los ojos
haciéndonos el alma.
Ya pasó.
María Wernicke
del libro: La palabra desnuda
jueves, 26 de septiembre de 2013
Detienen a la poesía
Por el umbral del cielo
viene la abuela
trayéndome manzanas
para la escuela.
Se detiene en la puerta
no quiere entrar.
Cae la lluvia de junio
sobre el cristal.
Yo froto las manzanas
con mi pañuelo
mientras borra caminos
el aguacero.
Toda la tarde hablamos
de aquí y allá
porque hay muchas maneras
de conversar.
De Los espejos de Anaclara
Escribí este poema para mi hija. Mi madre había muerto hacía
tres años y ella seguía buscándola. Necesitándola. Cuando fuimos a Salto quiso
ir al cementerio donde la habíamos dejado. No estaba allí. Tal vez en su casa,
entre sus cosas… No, allí se hacía aún más fuerte la ausencia.
Lo escribí para ella. También para mí, claro. Mi madre me
visita seguido, sobre todo los días de lluvia, sobre todo los días de junio. Es
mi madre pero es, sobre todo y siempre, la Abuela. Todos la seguimos llamando
así. Y todos la sentimos llegar, trayéndonos manzanas o lo que sea. Siempre
trayéndonos algo.
Cuando encontré, por casualidad, este poema recogido en un
libro para estudiantes, la primera reacción fue confusa. Primero, de cierto
pudor por verlo “expuesto” así, solito, entre textos de otros autores. Sí, él
ya había sido publicado, pero en un libro mío, de poemas, donde todos los demás
en cierta manera lo abrazaban, lo contenían. Después me dije que era una
tontería: era bueno que él, justo él, hubiera sido seleccionado. Sin duda hay
muchos nietos que buscan. Tal vez fuera para ellos un consuelo saber que algún
día de lluvia, con sólo proponérselo, el reencuentro puede ser posible.
Pero cuando releí el poema me sorprendí: vi que algunas
palabras habían sido sustituidas por espacios en blanco. Por ejemplo, donde
escribí Se detiene en la puerta había
sido suprimida la primer palabra y debía seleccionarse, entre las opciones
planteadas - me, te y se- la que el estudiante considerara
correcta. Había otros dos ejercicios similares, pero me detuve en este,
confundida. Yo había escrito se detiene
pero ¿era esta la opción correcta? Porque sin duda mi madre también me detiene: no debo cruzar ese umbral, y
también te detiene a ti, mi hija: tú
y yo pertenecemos todavía a este lado oscuro donde seguimos buscando y
preguntando. Hay un umbral, invisible pero cierto donde todos – me, te, se y
nos- debemos detenernos porque aún no nos es dado develar el misterio.
Las instrucciones decían que el estudiante debía ser capaz
de resolver los tres ejercicios en treinta minutos de trabajo autónomo. Ha
pasado ya ese tiempo y yo me sigo preguntando. Intuyo que mis preguntas van por
un lado distinto al de la mera concordancia del pronombre y el verbo. Pero no
logro comprender por qué se eligió este poema, cualquier poema, para resolver
ese aspecto.
Guardo como un tesoro un viejo libro -1968- del Consejo
Nacional de Enseñanza Primaria y Normal llamado, precisamente, Poesía. En el prólogo, firmado por Carlos
Alberto Garibaldi, las palabras al maestro son estas: “Es común utilizar el poema en la enseñanza del idioma, particularmente
en lo que se refiere a conocimientos gramaticales. Es necesario un uso muy
cauteloso y sutil. El solo intento de explicar un poema o de someterlo a examen
gramatical, puede hacer estallar el claro espejo de su armonía, desvanecer su
sortilegio, convertirlo en material inerte de laboratorio, fatigar la poesía y
hacerla estéril como valor estético.”
En el texto donde está seleccionado mi poema las palabras al
maestro dicen que “se trabaja en los
niveles macro y microestructural tratando aspectos como jerarquización y
ordenamiento de información textual, análisis de relaciones lógicas entre
ideas, reconocimiento de la progresión temática, relaciones léxicas y
referencia pronominal”
No creo que mi poema pueda aportar nada en esos temas. Yo
sólo quise ayudar a mi hija a entender dónde estaba la abuela.
viernes, 24 de mayo de 2013
La dueña de los crosepos
Así me dijo un niño, hace muchos años, cuando le mostré una fotografía de Elsa Bornemann. Ella les enseñó el poder generador de la palabra, la que echábamos a volar en clase y anidaba, no en los diccionarios, sino en
la imaginación de cada uno.
Recuerdo el desconcierto inicial cuando oyeron la palabra crosepo: ¿cómo es posible? ¿Una palabra que no existe? Entonces ¿se pueden inventar palabras? Y de inmediato el juego, el disfrute: al conjuro de la palabra, dicha primero en secreto, o a gritos, con miedo, con alegría o asombro, escrita con gruesos caracteres en el pizarrón o tímidamente en el borde de una hojita, el ámbito de la clase se iba llenando de crosepos temibles, de afilados colmillos, suaves pétalos mágicos o ruedas de fuego.
Recuerdo el desconcierto inicial cuando oyeron la palabra crosepo: ¿cómo es posible? ¿Una palabra que no existe? Entonces ¿se pueden inventar palabras? Y de inmediato el juego, el disfrute: al conjuro de la palabra, dicha primero en secreto, o a gritos, con miedo, con alegría o asombro, escrita con gruesos caracteres en el pizarrón o tímidamente en el borde de una hojita, el ámbito de la clase se iba llenando de crosepos temibles, de afilados colmillos, suaves pétalos mágicos o ruedas de fuego.
Me es grato imaginar ahora a Elsa en un calpo de ligubias. Sin duda es un hermoso lugar. Los niños y los crosepos la saludan.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Una llorona diferente
¿Qué magia especial tiene para nosotros la leyenda, ese relato situado en un espacio impreciso entre el mito y la realidad? ¿De donde viene su atracción, ese halo de misterio que envuelve las palabras y atrapa a grandes y chicos por igual? Tal vez lo que convoca es la posibilidad de dar fundamento a una cultura al integrar un elemento en lo cotidiano, en la historia de una comunidad. Saber que allí mismo, en ese río, en esa calle, en la casa abandonada de la esquina ha ocurrido -y vuelve a ocurrir cada vez que lo contamos- un hecho fantástico, nos hace sentir que formamos parte de un universo particular.
Y cuando decimos leyenda entre los niños inmediatamente surge la figura de La llorona, personaje que ha trascendido fronteras apoderándose de formas de comunicación poco comunes al género: películas, canciones, libros, y aún programas de televisión. Todos han oído hablar de La llorona, todos conocen una versión distinta del relato. Y la discusión se plantea: ¿cómo es. en realidad, la verdadera historia de La llorona?
Al comenzar a investigar queda en evidencia el principal rasgo de la leyenda: su multiplicidad de versiones que, más allá de algunos elementos comunes, recoge particularidades de cada región, de cada país. Y se suceden las lloronas: la mexicana, tal vez la más conocida y arraigada en la tradición, pero también la Pucullén chilena, la María Pardo de Antioquia, la Tarumama de Pasto, y hasta nuestra llorona local, la del Parque Rivera que, al igual que todas sus hermanas, vaga en las noches clamando por sus hijos perdidos. Porque si bien algunas han matado a sus hijos y otras los han perdido por un descuido o por un accidente, en todas son idénticos el desconsuelo y el sufrimiento.
Conocida entonces esta característica especial de la leyenda, la tentación de crear una leyenda barrial es muy grande. La zona donde se ubica el colegio, fuertemente comercial, provee de escenarios muy sugestivos. Y las propuestas de los niños se multiplican: una llorona perdió a sus hijos arrojándolos por la escalera mecánica del shopping, cansada de oírlos decir: -Mamá, comprame, comprame!, otra se olvidó de ellos en la calle cuando entró en el spa a hacerse un tratamiento de belleza, una tercera vio, aterrada, cómo los niños la abandonaban por alcanzar un combo de comida rápida que los premiaba con los últimos aliens y monstruos.
Era evidente -y gratificante- adivinar cierta visión de crítica social en los textos. Sin duda la intensa movida comercial de los días previos, con motivo del día de la madre, había disparado la reflexión de los pequeños autores. Tal vez también la correspondiente avalancha de frases hechas de estos días sobre el amor inconmensurable de las madres haya influido para que en todos los textos las madres reaparecieran después como figuras fantasmales llorando por sus hijos.
Una propuesta, sin embargo, da un giro inesperado: la madre compra un automóvil cero quilómetro y sube en él con sus hijos. Pero en seguida ve un accesorio para el coche que se le antoja imprescindible. Baja a comprarlo y cuando vuelve ve, desesperada, como dos jóvenes suben al auto y se van en él, llevándose a los pequeños. Desde entonces, en las noches de luna, se puede ver la silueta blanca de una mujer que cruza la calle clamando, lastimera: ¡mi auto! ¡mi auto!
Y cuando decimos leyenda entre los niños inmediatamente surge la figura de La llorona, personaje que ha trascendido fronteras apoderándose de formas de comunicación poco comunes al género: películas, canciones, libros, y aún programas de televisión. Todos han oído hablar de La llorona, todos conocen una versión distinta del relato. Y la discusión se plantea: ¿cómo es. en realidad, la verdadera historia de La llorona?
Al comenzar a investigar queda en evidencia el principal rasgo de la leyenda: su multiplicidad de versiones que, más allá de algunos elementos comunes, recoge particularidades de cada región, de cada país. Y se suceden las lloronas: la mexicana, tal vez la más conocida y arraigada en la tradición, pero también la Pucullén chilena, la María Pardo de Antioquia, la Tarumama de Pasto, y hasta nuestra llorona local, la del Parque Rivera que, al igual que todas sus hermanas, vaga en las noches clamando por sus hijos perdidos. Porque si bien algunas han matado a sus hijos y otras los han perdido por un descuido o por un accidente, en todas son idénticos el desconsuelo y el sufrimiento.
Conocida entonces esta característica especial de la leyenda, la tentación de crear una leyenda barrial es muy grande. La zona donde se ubica el colegio, fuertemente comercial, provee de escenarios muy sugestivos. Y las propuestas de los niños se multiplican: una llorona perdió a sus hijos arrojándolos por la escalera mecánica del shopping, cansada de oírlos decir: -Mamá, comprame, comprame!, otra se olvidó de ellos en la calle cuando entró en el spa a hacerse un tratamiento de belleza, una tercera vio, aterrada, cómo los niños la abandonaban por alcanzar un combo de comida rápida que los premiaba con los últimos aliens y monstruos.
Era evidente -y gratificante- adivinar cierta visión de crítica social en los textos. Sin duda la intensa movida comercial de los días previos, con motivo del día de la madre, había disparado la reflexión de los pequeños autores. Tal vez también la correspondiente avalancha de frases hechas de estos días sobre el amor inconmensurable de las madres haya influido para que en todos los textos las madres reaparecieran después como figuras fantasmales llorando por sus hijos.
Una propuesta, sin embargo, da un giro inesperado: la madre compra un automóvil cero quilómetro y sube en él con sus hijos. Pero en seguida ve un accesorio para el coche que se le antoja imprescindible. Baja a comprarlo y cuando vuelve ve, desesperada, como dos jóvenes suben al auto y se van en él, llevándose a los pequeños. Desde entonces, en las noches de luna, se puede ver la silueta blanca de una mujer que cruza la calle clamando, lastimera: ¡mi auto! ¡mi auto!
martes, 7 de mayo de 2013
Análisis de texto
Todo es un texto -le dije a mis alumnitos de quinto año- todo puede ser leído, no únicamente los libros. Si vamos por la calle observando veremos textos en la cara de las personas, en los árboles, en las veredas.
Él me escuchaba, entrecerrando los ojos tras los lentes, entre escéptico y divertido. Pudo más la picardía que el convencimiento cuando me contestó, reprimiendo una sonrisa: - Sí, yo casi piso un texto al entrar hoy a la escuela.
Las risas de los compañeros premiaron el comentario. Lo felicité por haber podido leer a tiempo, antes que "el texto" se pegara a sus zapatos.
Y comenzamos a analizar: ¿quién sería el autor de ese texto? -Un perro, sin duda.
Pero en seguida surgieron otras opiniones: -¡No, el que le dio de comer! -¡Tampoco! Fue la perra que tuvo al perro. -¡No, fue Dios que hizo a todos los perros!
¿Y cuál será la idea fundamental que podemos extraer de esa lectura? Ahí sí hubo consenso: que en la vida tenemos que aprovechar lo que nos sirve y deshacernos de lo que no nos sirve.
Me fui satisfecha: para un primer acercamiento a la poesía no está nada mal.
Él me escuchaba, entrecerrando los ojos tras los lentes, entre escéptico y divertido. Pudo más la picardía que el convencimiento cuando me contestó, reprimiendo una sonrisa: - Sí, yo casi piso un texto al entrar hoy a la escuela.
Las risas de los compañeros premiaron el comentario. Lo felicité por haber podido leer a tiempo, antes que "el texto" se pegara a sus zapatos.
Y comenzamos a analizar: ¿quién sería el autor de ese texto? -Un perro, sin duda.
Pero en seguida surgieron otras opiniones: -¡No, el que le dio de comer! -¡Tampoco! Fue la perra que tuvo al perro. -¡No, fue Dios que hizo a todos los perros!
¿Y cuál será la idea fundamental que podemos extraer de esa lectura? Ahí sí hubo consenso: que en la vida tenemos que aprovechar lo que nos sirve y deshacernos de lo que no nos sirve.
Me fui satisfecha: para un primer acercamiento a la poesía no está nada mal.
domingo, 5 de mayo de 2013
De bibliotecas y congresos
Ser invitada a participar en un congreso es siempre grato. Conocer otras realidades, compartir experiencias con personas que tienen inquietudes similares a las nuestras, reencontrarse con viejos amigos, todos son motivos propicios para aceptar la invitación con alegría y entusiasmo. Cuando a ello se agrega un tema como Bibliotecas Escolares, en el que, más que especialistas, hemos sido víctimas por carencia, durante treinta y cinco años de trabajo, sentimos que el desafío es mayor aún. Pero creímos que también desde ese lugar podría aportar algo nuestra mirada y que sería enriquecedor el intercambio. Por fortuna, no nos equivocamos. Porque el 11er. Congreso Nacional de Lectura de Fundalectura y Primer Encuentro Internacional de Bibliotecas Escolares constituyó una oportunidad para reflexionar, para discutir enfoques y estrategias pero, por sobre todo, para poner el tema en la agenda pública.
Conferencias, mesas redondas, orientaciones prácticas y experiencias se sucedieron durante tres días para dar un panorama amplio sobre la situación de las bibliotecas escolares en diferentes países y también sus retos para mejorar los aprendizajes y construir la ciudadanía del siglo XXI.
En lo personal, nos referimos a la poesía - Un lugar para la Cenicienta: inclusión de la poesía en las actividades de la biblioteca escolar- y debatimos, además, en una mesa redonda sobre la pertinencia de un bibliotecario escolar o un maestro bibliotecario. Siempre he tenido la impresión de que estos aspectos son relativos: estoy convencida que, cuando una iniciativa tiene éxito es porque detrás hay, más que una gran infraestructura o una formación académica, una persona entusiasta y que ama lo que hace. Compartí entonces las experiencias de personas que, no sólo en mi país sino de otros puntos, desde Tijuana hasta Asturias, de Oaxaca a Fraga, han hecho de la promoción de la lectura la herramienta fundamental de su hacer educativo. Me alegró comprobar que hubo consenso en afirmar que sólo puede ser un buen bibliotecario aquel que es, irremediablemente, lector. Entusiasmo y continuidad en la tarea fueron señalados como los dos elementos imprescindibles para que la labor del bibliotecario fuese eficaz.
La simultaneidad de algunas actividades del Congreso no nos permitió acceder a todas, pero todas aquellas en las que estuvimos presentes nos aportaron algo a nuestro hacer.
Por otra parte, el marco de la Feria Internacional del Libro propició el encuentro con libros, editoriales, autores y actividades varias.
Y como complemento a todo esto, tuvimos el privilegio de cuatro días en Medellín, conociendo la experiencia de las bibliotecas públicas de Comfenalco, la labor de la Fundación Ratón de Biblioteca y el Programa Buen Comienzo de atención a la primera infancia.
Gracias a los compañeros que, aún estando lejos, aportaron con sus comentarios, pero sobre todo con su quehacer diario, elementos para construir nuevas realidades.
Conferencias, mesas redondas, orientaciones prácticas y experiencias se sucedieron durante tres días para dar un panorama amplio sobre la situación de las bibliotecas escolares en diferentes países y también sus retos para mejorar los aprendizajes y construir la ciudadanía del siglo XXI.
En lo personal, nos referimos a la poesía - Un lugar para la Cenicienta: inclusión de la poesía en las actividades de la biblioteca escolar- y debatimos, además, en una mesa redonda sobre la pertinencia de un bibliotecario escolar o un maestro bibliotecario. Siempre he tenido la impresión de que estos aspectos son relativos: estoy convencida que, cuando una iniciativa tiene éxito es porque detrás hay, más que una gran infraestructura o una formación académica, una persona entusiasta y que ama lo que hace. Compartí entonces las experiencias de personas que, no sólo en mi país sino de otros puntos, desde Tijuana hasta Asturias, de Oaxaca a Fraga, han hecho de la promoción de la lectura la herramienta fundamental de su hacer educativo. Me alegró comprobar que hubo consenso en afirmar que sólo puede ser un buen bibliotecario aquel que es, irremediablemente, lector. Entusiasmo y continuidad en la tarea fueron señalados como los dos elementos imprescindibles para que la labor del bibliotecario fuese eficaz.
La simultaneidad de algunas actividades del Congreso no nos permitió acceder a todas, pero todas aquellas en las que estuvimos presentes nos aportaron algo a nuestro hacer.
Por otra parte, el marco de la Feria Internacional del Libro propició el encuentro con libros, editoriales, autores y actividades varias.
Y como complemento a todo esto, tuvimos el privilegio de cuatro días en Medellín, conociendo la experiencia de las bibliotecas públicas de Comfenalco, la labor de la Fundación Ratón de Biblioteca y el Programa Buen Comienzo de atención a la primera infancia.
Gracias a los compañeros que, aún estando lejos, aportaron con sus comentarios, pero sobre todo con su quehacer diario, elementos para construir nuevas realidades.
Escolares en la Feria Internacional del Libro Bogotá 2013
Stand de Portugal, país invitado de honor
Antigua Casa Barrientos, hoy Casa de Lectura infantil,
espacio de Comfenalco en Medellín
Sala de descanso en unos de los locales del Programa Buen Comienzo
Intercambio con grupo de jóvenes en La Avanzada, Medellín
Sala de Juegos en el Parque Biblioteca España
jueves, 11 de abril de 2013
Superhéroes digitales
Los niños de la escuela Minerva, en Totontepec, los mismos que me han regalado ese hermoso muro blanco donde colgar mi poema, traducido a su lengua, admiran a los superhéroes. Nadie como ellos, dicen, para volar, defender a los débiles, poner sus superpoderes al servicio de los demás.
Lo cierto es que ayer recibí la noticia que esta tarde los niños de la escuela Minerva se comunicarían conmigo por chat. A la hora convenida llegó el primer mensaje:
- Hola, acá no hay servicio de cámara pero de las siete máquinas ya están escribiéndote los niños.
Me imaginé entonces la cara del encargado del pequeño ciber cercano a la escuela al verse invadido por esa pequeña y ruidosa multitud que pronto se adueñó, en pequeños grupos, de las computadoras disponibles. Y llegó el primer mensaje de los niños:
- Somos Oliver y Erickh.
- Hola, muchachos! Qué alegría! Hasta mi perro ladra saludándolos. Se llama Tucho.
- Mi perro se llama Bendxy
- Mucho gusto, Bendxy. Tucho te manda un apretón de pata.
- jaaajajajaj! Y yo lo agarro.
Y aparecieron nuevas voces. Bueno, en verdad no eran voces, pero hasta me parecía oírlas:
- Somos Alma y Yair, ¿como estás, Mercedes? Acá estamos Arlen y Jaqueline, el director nos trajo al ciber para platicar contigo. Somos Henry y Daniel, te queremos contar que jugamos fútbol y nos trepamos a los árboles. Acá estamos Nadia, Rosa y Fanny ¿cómo son las estrellas del cielo de Uruguay? Somos Citlali, Celeste y Lilia ¿hay un volcán cerca de donde vives?
Durante casi una hora, asediada desde siete máquinas, contesté preguntas, registré pedidos (un poema de superhéroes, otro de un osito de azúcar, para mí uno de estrellas!) agradecí regalos (te vamos a hacer un abanico de papel!) hasta que al final, prometiendo repetir la experiencia, nos despedimos:
Besos! ¡Y ladridos! adióooooooooos!
Me cuenta el director que se fueron emocionados y felices, que fue algo hermoso y enriquecedor. Sin duda lo fue, al menos para mí. Y me quedo pensando en cuánto nos quejamos, a veces, de la falta de recursos, de tiempo, de bibliotecas adecuadas, de oportunidades. Es evidente que los niños de la escuela Minerva no tienen computadoras personales, no sé si tendrán una biblioteca con el acervo apropiado ni si reciben frecuentemente visitas de escritores. Pero sé que tienen un director, Víctor Fuentes Martínez, que posee superpoderes: puede hacer volar las palabras, saludarse a los perros, intercambiar estrellas, humedecerse los ojos y latir más fuerte el corazón. ¡Con razón los niños de esa escuela admiran a los superhéroes! Los que tienen creatividad, entusiasmo, compromiso, amor a lo que hacen.
Si ven entonces una estela en el cielo mixe de Totontepec, no se pregunten: ¿Es un pájaro? ¿Un avión? No, sin duda es Victormán!
domingo, 7 de abril de 2013
En los dedos del viento
En los dedos del viento
pasan las nubes
y los globos perdidos
que al cielo suben.
Giran veletas,
suspiros de las novias
y los poetas.
En los dedos del viento
vuelan las hojas,
cabellera de otoño
dorada y roja.
Viaja la vida
en el polen callado
y en la semilla.
En los dedos del viento
se van los besos
soñando con caricias
y con regresos.
Flotan canciones
que entibian de ternura
los corazones.
En los dedos del viento
quiero viajar.
Él me dará alas
para soñar.
Dedos del viento,
¡qué vuelen las palabras
del sentimiento!
Lo que el viento me trajo
Jamás podremos saber por qué elegimos un tema cuando escribimos un libro. Tal vez sea verdad aquello de que no lo elegimos sino que el tema nos elige a nosotros. Lo cierto es que desde aquella vez que en la esquina de 18 y Yi me llegó, entre el ruido de los autos, el run run de decenas de molinetes girando enloquecidos, en una explosión de color y alegría, el viento me exigió, sin concesiones, que me ocupara de él.
Los versos de El Sabalero, las canciones de la guerra civil española, hasta el recuerdo de un globo azul, escapado, treinta años atrás, de la mano de mi hijo, todo se fue confabulando para que, poco a poco, los poemas fueran naciendo.
Y ahí quedaron, mucho tiempo, hasta que Matías Acosta, ilustrador sensible que sabe de vuelos, quiso acompañarlos con sus colores.
Lo demás fue rápido: una editorial que vio el trabajo y quiso apostar a él, gente poniendo entusiasmo y amor para concretarlo y esta alegría de hoy de ver que un nuevo libro alza vuelo.
En los dedos del viento irá a llevar lejos, desde hoy, palabras, colores, sentimientos. Ojalá encuentre lectores que los hagan suyos y los multipliquen y los echen a volar. Sé que esto ocurrirá, porque aún antes de empezar su viaje, he recibido saludos, preguntas, abrazos, buenos deseos, de muchísimos amigos de aquí, de allá y de más lejos aún. Los dedos del viento me han traído, ya, la certeza de que las distancias son relativas y la amistad una bella realidad.
Los versos de El Sabalero, las canciones de la guerra civil española, hasta el recuerdo de un globo azul, escapado, treinta años atrás, de la mano de mi hijo, todo se fue confabulando para que, poco a poco, los poemas fueran naciendo.
Y ahí quedaron, mucho tiempo, hasta que Matías Acosta, ilustrador sensible que sabe de vuelos, quiso acompañarlos con sus colores.
Lo demás fue rápido: una editorial que vio el trabajo y quiso apostar a él, gente poniendo entusiasmo y amor para concretarlo y esta alegría de hoy de ver que un nuevo libro alza vuelo.
En los dedos del viento irá a llevar lejos, desde hoy, palabras, colores, sentimientos. Ojalá encuentre lectores que los hagan suyos y los multipliquen y los echen a volar. Sé que esto ocurrirá, porque aún antes de empezar su viaje, he recibido saludos, preguntas, abrazos, buenos deseos, de muchísimos amigos de aquí, de allá y de más lejos aún. Los dedos del viento me han traído, ya, la certeza de que las distancias son relativas y la amistad una bella realidad.
sábado, 23 de febrero de 2013
Escribir a pedido (2)
Hoy recibí la noticia: el dinosaurio uruguayo ha llegado a las manos de Oliver en la escuela Minerva de Totontepec. Y como su llegada coincidió con el día de la lengua madre el poema fue traducido por los niños a la lengua mixe e impreso en los muros de la escuela, de cara a la Sierra.
Pocas veces he sentido una emoción tan grande. Es felicidad, sin duda, pero no sólo eso.
Cuando respondí al pedido de Oliver lo hice pensando tan sólo en la alegría que yo podría darle y aún me preguntaba, con un poco de soberbia: ¿qué otra función más hermosa puede cumplir la poesía?
Hoy este muro me da la respuesta. La poesía no "desciende" de las manos del escritor hacia el lector para iluminar sus ojos y entibiar su corazón, la poesía es un puente por donde van y vienen niños y adultos, lectores y escritores, de aquí y de allá, hablando esta lengua o aquella, todos dando y recibiendo a la vez, todos intercambiando palabras, colores y sueños.
La función más hermosa de la poesía -hoy lo aprendí, Oliver- es hacer posible el abrazo.
Pocas veces he sentido una emoción tan grande. Es felicidad, sin duda, pero no sólo eso.
Cuando respondí al pedido de Oliver lo hice pensando tan sólo en la alegría que yo podría darle y aún me preguntaba, con un poco de soberbia: ¿qué otra función más hermosa puede cumplir la poesía?
Hoy este muro me da la respuesta. La poesía no "desciende" de las manos del escritor hacia el lector para iluminar sus ojos y entibiar su corazón, la poesía es un puente por donde van y vienen niños y adultos, lectores y escritores, de aquí y de allá, hablando esta lengua o aquella, todos dando y recibiendo a la vez, todos intercambiando palabras, colores y sueños.
La función más hermosa de la poesía -hoy lo aprendí, Oliver- es hacer posible el abrazo.
sábado, 16 de febrero de 2013
Escribir a pedido
Celosos de nuestra libertad, muchas veces los escritores somos reacios a escribir a pedido. Sentimos que ello limita nuestra inspiración, acota nuestro enfoque, tal vez hasta impide nuestro vuelo.
Sin embargo, un pedido también puede abrirnos un abanico de nuevas posibilidades al plantearnos temas o miradas que quizás no hubieran surgido de nuestra sola iniciativa. He escrito a pedido algunas veces y siempre he descubierto, una vez comenzada la tarea, que ella siempre nos da satisfacciones si la emprendemos con honestidad.
Hoy he recibido un nuevo pedido. Sé que cumplirlo me traerá problemas, que sentará precedentes y tal vez mi escritura deberá abordar temas aún más insospechados. Pero ¿quién se resiste a un pedido como éste?
para Oliver
Sin embargo, un pedido también puede abrirnos un abanico de nuevas posibilidades al plantearnos temas o miradas que quizás no hubieran surgido de nuestra sola iniciativa. He escrito a pedido algunas veces y siempre he descubierto, una vez comenzada la tarea, que ella siempre nos da satisfacciones si la emprendemos con honestidad.
Hoy he recibido un nuevo pedido. Sé que cumplirlo me traerá problemas, que sentará precedentes y tal vez mi escritura deberá abordar temas aún más insospechados. Pero ¿quién se resiste a un pedido como éste?
Con entusiasmo y alegría infinitos he escrito la respuesta:
para Oliver
El dinosaurio a lunares
que vive en el Uruguay
me reprochó esta mañana:
-¡Aquí alebrijes no hay!
¡Yo quiero recorrer mundo,
visitar Totontepec,
ir a la escuela Minerva
y saludar a Oliver!
Y volando entre las nubes
a Oaxaca se marchó.
Convídenlo, cuando llegue,
con tamales de frijol.
Sabiendo que hay un lector ávido de nuestra respuesta, ¿qué importa que el tema no nos lo haya soplado al oído alguna musa y que su tratamiento esté más cercano a la versificación que a la poesía?
Un dinosaurio a lunares saldrá desde Uruguay, cruzando la Sierra Mixe y descenderá en la escuela Minerva a comer tamales de frijol de la mano de Oliver.
¿Qué otra función más hermosa puede cumplir la poesía?
viernes, 11 de enero de 2013
Como decíamos ayer...
Dejar de regar una planta, olvidarse de darle la leche al gato, abandonar un blog... son todas acciones que atentan contra la vida. Creo que un blog abandonado tiene una muerte lenta y siento que hasta dolorosa. Y aunque hay mil razones que podría esgrimir para justificar esta larga ausencia, prefiero simplemente pedir disculpas a los visitantes y ponerme a escribir.
Culminé 2012 con un puñado grande de nuevos poemas escritos por los niños. Aunque sé de lo que son capaces, los talleres de escritura que realizo con ellos siempre me deparan sorpresas. Aprendemos así, con ellos, que temas trillados, en los cuales nos parece que no es posible innovar, pueden siempre ser resueltos de una forma poco convencional. Así, por ejemplo, este poema de amor de Emiliano, de ocho años:
La araña
a la orilla de mi cama.
¿Por qué me sigue?
Será porque me ama.
Y cuando proponemos un poema que abra la puerta al mundo de los cuentos e imaginamos que escribirán versos con personajes y aventuras maravillosas, Natalia nos sorprende revelándonos el secreto de su sabiduría:
Que la lluvia era un mito
me lo contó un pajarito.
Que el arroz es gris
me lo contó una perdiz.
Y la sorpresa se renueva en un segundo año: al repartirles a cada uno una palabra y pedirles que la unieran a la de su compañero para hacer un poema conjunto, no imaginé que, a los siete años, la consigna pudiera disparar este texto:
¿El poeta tendrá libertad?
¿O no la tendrá jamás?
Capaz que siempre la tuvo.
Quizás sí, quizás no.
Cuando planteamos usar aquellos entrañables fideos de letras con los que, de niña, escribíamos en el borde del plato, cada niño formó con ellos su nombre. Luego buscaron, manipulando esas letras, cuántas palabras distintas se podían formar. Florencia, de diez años, descubrió emocionada que en su nombre estaba contenido el de su abuela Celia, fallecida hacía poco tiempo. Y escribió:
En mi nombre está el aire
y está la flor.
Pero también está mi abuela
¡y eso es lo mejor!
y está la flor.
Pero también está mi abuela
¡y eso es lo mejor!
Más allá de la simple coincidencia de que las letras del nombre de su abuela estuvieran en el suyo Florencia sintió que algo muy importante había sucedido: la palabra se había vuelto símbolo.
Porque, en definitiva, de eso se trata. Encontrar esa palabra especial, la nuestra, la que nos convoca y sacude, la que podemos escribir aún con el dedo en el aire, como el Pedro Rojas de Vallejo. Nuestra palabra escrita. "Y será su mejor arma -dice Jesualdo- su mejor instrumento para ser".
Porque escribir no nos servirá sólo para leer, sino también para decidir, para ser más consciente, más dueño de sí mismo, menos dominado. Escribir, para construir el mundo. Escribir, en una palabra, para ser.
Por eso, cuando la dictadura argentina analizó algunos libros para niños que circulaban en las escuelas resolvió prohibir La planta de Bartolo, de Laura Devetach. Y no era para menos. La planta de Bartolo era extremadamente peligrosa: no producía flores, ni frutos, ni siquiera libros. Producía cuadernos. Para que todos, absolutamente todos, pudieran escribir.
martes, 4 de septiembre de 2012
Primavera armada
Viene este viento
lleno de peligro y dulce
como un sueño,
otro afluente de la muerte,
pero sin luz final, súbita, pura,
con codicia,
con furia intacta.
Viene de nuevo el viento
y comienza el asedio.
Un agua me rodeaba,
perdurable y tranquila,
un agua como un muro.
De pronto este violento
plumaje sacudido,
este aniego de olores,
de desprendidos pétalos,
en fin, de primavera,
me ha alcanzado.
Pero sé que apenas me dé vuelta,
quiera tocar su fresca piel,
ya estará lejos,
ya una menos
irreparable primavera,
dejando de su huida
sólo un polvo de sueños
importuno en las manos.
Ida Vitale
(de Palabra dada)
viernes, 31 de agosto de 2012
Sólo un botón de muestra
el oro negro la cabeza del clavo el cuello de botella la hoja de papel el piano de cola los rascacielos las bocacalles lágrimas de cocodrilo entre la espada y la pared luna de miel gato por liebre afeitado y sin visita con las manos en la masa peras al olmo empinando el codo de capa caída bajarle los humos cortar por lo sano gato encerrado media naranja secreto a voces viento en popa meter la pata ir al grano se aguó la fiesta sin pelos en la lengua meter en cintura echar sapos y culebras corazón de oro brillar por su ausencia con cajas destempladas se armó la gorda en camisa de once varas media naranja pies de plomo sin decir agua va como perro con dos colas muerto de risa papando moscas a tontas y a locas leer entre líneas a moco tendido estar en capilla devanarse los sesos con el corazón en la mano a carta cabal en la cuerda floja como pez en el agua ligera de cascos hacerse cruces entre ceja y ceja mostrar la hilacha vida de perros al pie de la letra pisando los talones a rajatabla con malos ojos en tela de juicio perdiendo terreno en todos los tonos de cabo a rabo con un palmo de narices a pie juntillas de tripas corazones donde le aprieta el zapato bailar con la más fea echar leña al fuego contra viento y marea la vista gorda la voz cantante hecho unas pascuas de patitas en la calle a cuerpo de rey al pie del cañón la piel de Judas no soltar prenda de pocas pulgas los puntos sobre las íes morder el polvo caballito de batalla seguir la corriente donde caerse muerto tira y afloje de padre y señor mío la casa por la ventana con la música a otra parte...
Inmersos en tal riqueza expresiva ¿por qué no podrían los niños comprender las metáforas de un poema?
Inmersos en tal riqueza expresiva ¿por qué no podrían los niños comprender las metáforas de un poema?
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