"Te puedes sentar, viajero, en esta casa de piedras: es tarde tal vez bajo tu bandera, en tu patria. Aquí siempre es temprano y el fuego está por encenderse (...) Tú, si quieres permanecer o disolverte, puedes hacerlo. Lo único que se exige es azul"

Estas palabras de Pablo Neruda me parecieron oportunas y cálidas para darte la bienvenida. Sean, entonces, la puerta de entrada a mi casa de palabras. Con ellas y las de Octavio Paz comenzamos a navegar.

..... " La poesía /siembra ojos en las páginas /siembra palabras en los ojos /
..... Los ojos /se cierran. /Las palabras se abren."
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martes, 9 de agosto de 2011

Día del Niño


...Y dicen esas maestras,
dejad que los niños vengan a mí
y se aplanen conmigo
y no les impidáis.
Y dice Walt Disney,
dejad que los niños
vengan y se congelen conmigo
y no les impidáis.
Y dice un fabricante 
de juguetes,
dejad que los niños
se conviertan conmigo
en estatuas de sal
salada
y no les impidáis.
Y dicen esas madres
y esos padres,
dejad que los niños
se unan conmigo
y no les impidáis...
Y dicen los niños,
no nos impidáis,
impiday, ay, ay
y se lavan las caricias
de esa mamá
y del ratón Mickey
en un charco celeste.
Cuando pueden.
Cuando no pueden, 
esperan el domingo
a las ocho menos cuarto,
que el papá se levante
de la siesta
para jugar,
qué querés que te compre,
con los juguetitos
para armar
o desarmar.

                Lía Schenck
                                                       De Miradas...Poemas operativos

lunes, 13 de junio de 2011

Una lección de poesía

El devenir del tiempo apresado en instantes fugaces. Con sencillez y respeto. Como sólo un grande puede hacerlo.


Aquí,
la primavera entra en el bosque,
a los prados,
pasea por el pueblo
y abre los geranios
de la señora Encarna.
También se despiertan las ranas de abril,
que son pequeñas y verdes.
se despiertan las mariposas,
el abejorro de la madera,
las avispas,
las lagartijas
y otros bichos.

Después de la primavera viene el verano.
esto los saben todos,
incluso los distraídos.
En verano se cierra la escuela:
se guardan las haches,
que nunca sé donde ponerlas;
se guarda el estáte quieto,
no seas revoltoso,
deja en paz a Agapito,
no me saques de quicio niño.
Mamá abre el cajón
de las camisas sin mangas,
de los pantalones cortos
y el andar descalzo.
En verano,
papá me lleva con él,
en la barca a pescar.

Otoño es una palabra redonda,
la escribes,
la haces unos arreglos
y se convierte en un triciclo.
lo peor del otoño
es que don Julio, el maestro,
abre la escuela
y empiezas a oler a tiza.
¿Qué tal ha ido este verano?

En invierno
puede salir el sol,
pero calienta distinto,
mucho menos que en verano,
y los días son más cortos.
También llueve y hace frío.
En invierno, a veces,
La mar se pone de mal humor
Y papá no puede trabajar”.

                                 De Las cosas de Pablo.
                                     Juan Farias

martes, 24 de mayo de 2011

¿Para qué hago el poema?

No sólo los mediadores nos planteamos el tema de la "utilidad" de la poesía; a veces los propios escritores pretendemos, al escribir un poema dirigido al niño, una finalidad extra: tal vez trasmitir valores o propiciar el abordaje a otros temas.
Olvidamos que la poesía no es un instrumento ni un vehículo para alcanzar otros fines, ni enseña con las armas de la pedagogía. La poesía es, en sí misma, un hecho pedagógico.
Roberto Bolaño decía que la principal utilidad de la poesía es "joderle la paciencia a la gente". Suena muy transgresor, pero ya Charles Cros, dos siglos antes, había afirmado algo parecido:

El pescado ahumado

Érase un gran muro blanco, desnudo, desnudo, desnudo.
Contra el muro una escalera, alta, alta, alta.
Y por tierra un pescado ahumado, seco, seco, seco.

Él llega, teniendo en sus manos sucias, sucias, sucias
un martillo pesado, un gran clavo, puntiagudo, puntiagudo, puntiagudo
y un ovillo de hilo gordo, gordo, gordo.

Entonces sube a la escalera alta, alta, alta
y clava el clavo puntiagudo, pam pam, pam pam, pam pam
en lo alto del gran muro desnudo, desnudo, desnudo.

Suelta el martillo que cae, que cae, que cae,
ata al clavo la cuerda larga, larga, larga, 
y en la punta el pescado ahumado, seco, seco, seco.

Baja de la escalera alta, alta, alta
se la lleva con el martillo pesado, pesado, pesado 
y luego se va a otra parte, lejos, lejos, lejos.

Y desde entonces el pescado ahumado seco, seco, seco
en la punta de esta cuerda larga, larga, larga
muy lentamente se balancea siempre, siempre, siempre.

Yo he compuesto esta historia simple, simple, simple
para hacer rabiar a la gente seria, seria, seria
y divertir a los niños pequeños, pequeños, pequeños.

                                                                 Charles Cros






jueves, 10 de marzo de 2011

SOBRE IDA / SOBREVIDA

Hace muchos, muchos años, cuando aún la feria de diciembre era la feria de los jazmines, la feria de Nancy, la Feria del Libro y del Grabado, recibí en ella un regalo inesperado: el Club de Grabados de Montevideo estaba allí, realizando copias de poemas ilustrados por artistas locales y obsequiándolos a los visitantes. Me acerqué, con la esperanza de recibir, entre todos, aquel grabado cuyos colores, en diferentes tonos de verde y naranja, me habían llamado la atención desde lejos. Pero no me correspondió ése, sino uno pequeño, amarillo y azul, con un poema de una escritora desconocida hasta el momento para mí: Ida Vitale.
Siempre agradecí al destino el haberse impuesto a mis deseos porque ese poema, que pareció hablarme tan directamente al corazón, fue el que me abrió la puerta al mágico universo de Ida.
Pero a veces, cuando, como ahora, rememoro aquel momento, me pregunto: ¿qué otro poeta me esperaba -tal vez me espera aún- en el grabado verde y naranja que no recibí?

SOBREVIDA

Dame, noche
las convenidas esperanzas
dame no ya tu paz
dame milagro
dame al fin tu parcela
porción del paraíso
tu azul jardín cerrado
tus pájaros sin canto.
Dame, en cuanto cierre
los ojos de la cara
tus dos manos de sueño
que encaminan y hielan
dame con qué encontrarme
dame, como una espada
el camino que pasa
por el filo del miedo
una luna sin sombra
una música apenas oída
y ya aprendida.
Dame, noche, verdad
para mí sola
tiempo para mí sola
sobrevida.

miércoles, 2 de marzo de 2011

CREPÚSCULO EN EL RÍO

Todo está dicho, sí...y en los colores
se desmayan pinceles.
Labra el silencio cofres de arreboles
y en el aire hay nostalgia de bajeles.
Todo está dicho ya. Metáforas, figuras.
Ni una palabra más.
Sólo te queda para las futuras
tardes que yo no sé si vivirás
este inmóvil recuerdo de un ocaso
con lentas golondrinas.
Todo está dicho ya. Detén el paso
que tú también declinas
que ya se van las tardes por el río
los años por la orilla
y tu vieja pasión ya toca el frío
de un olvido de página amarilla.
Todo está dicho, sí, ya lo dijiste
a rubias y morenas
ya tu aisaje se te torna triste.
Goznes gastados, intenciones buenas...

Todo está dicho, ya. Calla y admira.
Vana, tu voz exalta
el dulce aroma al que tu verso aspira.
Solo te vieron en la Piedra Alta
solo en el muelle contemplando el agua
bañando tus sentidos.
Del Salto Chico la menuda fragua
de un obrero invisible, en tus oídos
dejó cristales moribundos. Tienes
derecho a la tristeza
y a reflejar la luna de tus sienes
en la crepuscular tierna pereza
del río detenido en un remanso.
Todo está dicho, sí...
Vuelve a tu casa, ordena tu descanso
con algunos recuerdos que de ti
tendrán sencillas gentes conocidas.
Todo pasó en un vuelo.
Pasó tu vida, pasan muchas vidas
y algunas golondrinas por el cielo.
                                                 
                                                   Enrique Amorin

¿Qué recurso misterioso es el que hace que este poema, crepuscular y nostálgico, haya sido mi preferido a los 8 años?
No lo sé, pero lo releo ahora y siento la misma sensación que entonces: una vaga tristeza, un dolor apacible y dulce, un cariño inmenso por su autor.
Sí, todo pasó en un vuelo, Enrique.
Ni una palabra más.

viernes, 11 de febrero de 2011

PARA LOS AMIGOS

Para los que se acercaron a saludar, para los que dieron sus buenos deseos, para los que no conozco pero se sintieron convocados por los libros, la poesía, los niños... Para los amigos, una ciruela.



Hacia la cordillera los caminos viejos
iban cercados por ciruelos,
y a través de la pompa del follaje,
la verde, la morada población de las frutas
traslucía sus ágatas azules,
sus crecientes pezones.
En el suelo las charcas reflejaban
la intensidad del duro firmamento:
el aire era una flor
total y abierta.

Yo, pequeño poeta,
con los primeros ojos de la vida,
iba sobre el caballo balanceado
bajo la arboladura de ciruelos.

Así en la infancia pude
aspirar en un ramo el aroma del mundo,
su clavel cristalino.

Desde entonces
la tierra, el sol, la nieve
las rachas de la lluvia en octubre,
en los caminos,
todo,
la luz, el agua, el sol desnudo,
dejaron en mi memoria
olor y transparencia de ciruela:
la vida ovaló en una copa
su claridad, su sombra,
su frescura.
¡Oh, beso de la boca en la ciruela,
dientes y labios llenos
del ámbar oloroso
de la líquida luz de la ciruela!

Ramaje de altos árboles
severos y sombríos
cuya negra corteza trepamos
hacia el nido,
mordiendo ciruelas verdes,
ácidas estrellas!

Tal vez cambié, no soy
aquel niño a caballo
por los caminos de la cordillera.
Tal vez más de una
cicatriz o quemadura de la edad
o la vida
me cambiaron la frente,
el pecho, el alma.

Pero otra vez,
otra vez vuelvo a ser
aquel niño silvestre
cuando en la mano levanto una ciruela:
con su luz me parece que levanto
la luz del primer día de la tierra,
el crecimiento del fruto y del amor
en su delicia.

Sí, en esta hora,
sea cual sea,
plena como pan o paloma
o amarga como deslealtad de amigo,
yo para ti levanto una ciruela
y en ella, en su pequeña copa
de ámbar morado y espesor fragante
bebo y brindo la vida
en honor tuyo,
sea quien seas,
vayas donde vayas.

No sé quién eres,
pero dejo en tu corazón
una ciruela.
               
                         Pablo Neruda

sábado, 5 de febrero de 2011

MESA DE POEMAS

Poemas. Ni para niños, ni para señores gordos ni ancianitas rubias. Simplemente poemas. Los que, por alguna razón misteriosa, me hablaron al oído, los sentí propios y quise compartirlos contigo. Si, más allá de los casilleros, alguno de ellos te llama, adelante: puedes servirte.

El día se ha ido.

Ahora andará por otras tierras,
llevando lejos luces y esperanzas,
aventando bandadas de pájaros remotos,
y rumores, y voces, y campanas,
-ruidoso perro que menea la cola
y ladra ante las puertas entornadas-

(Entretanto, la noche, como un gato
sigiloso, entró por la ventana,
vio unos restos de luz pálida y fría
y se bebió la última taza)

Sí,
definitivamnente el día se ha ido.
Mucho no se llevó (no trajo nada),
sólo un poco de tiempo entre los dientes,
un menguado rebaño de luces fatigadas.
Tampoco lo lloréis. Puntual e inquieto,
sin duda alguna, volverá mañana.
Ahuyentará a ese gato negro.
Ladrará hasta sacarme de la cama.

Pero no será igual. Será otro día.
Será otro perro de la misma raza.

Angel González




De noche nos acordamos
qué amarillo fue ese día
en que julio florecía.
De noche nos acordamos.
La gente llena de ramos
por el camino decía:
el domingo regresamos.
La gente llena de ramos.
Y el aromo sonreía.

Emerson Klappenbach